Caminos de ceniza, cielo
gris, atardecer de nubes que lloran lágrimas de cristal dejando correr arroyos
de agua clara.
Dama vestida de
lánguido blanco, camina sollozante sin rumbo definido.
Orfebrería arbórea que
pinta el firmamento de llorosa pluvia cae indolente en busca de un espejo.
Arriba la luna de plata reaparece entre las nubes en guiño nocturno.
Se abre la noche a la doncella
de rostro de nácar que se ofrece en ritual a la pálida Selene.
Engalanada de blanco
satén la musa con sus manos trasmuta el harpa en magia. La luna se duerme
despertando a la mañana.
© Enrique
Farelo, 2026



