A las puertas del delirio, el ejecutante desmonta su contrabajo con frialdad parsimoniosa, una
de las cuerdas abraza el cuello de su pareja. Su última interpretación cobra vida en garganta
ajena, partitura de una sonata escrita en una factura de móvil y un
sinfín de llamadas al mismo número.
Días más tarde una
farola urbana amanece con un disco ceñido a su mástil: un nombre, una fecha y uxoricidio.
© Enrique
Farelo, 2026

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